martes, 4 de enero de 2011

Un susurro. Despierta entre sábanas empapadas en el sonido de la mañana. El día comienza nácar, brillando entre agua de cuarzo.

Quiere que este silencio sea infinito. Que se pare su reloj. Que no exista nada más allá del umbral.




Y entonces vuelven sus sueños para hacerla huir de allí. Camina entre bosques del Norte, fotografías de baúl, entre cuero dorado y entre serpientes.




Un susurro. Despierta arropada, escuchando notas de gorrión. La mañana gélida ya empieza a abrirse en sus latidos. Un error.

Tiene que irse.
Segundos, minutos, ... un instante.
Se levanta envuelta en el crujido de las telas. Pero entonces, otro susurro : "quédate".

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